Historia del Azafrán
El azafrán procede de las
mesetas de Anatolia y desde esta Península asiática se extendió al resto del
mundo propiciado, en gran parte por los árabes, quienes aprovecharon la
mítica “Ruta de la Seda” en sus transacciones comerciales con Oriente
(India, China, Thailandia) y el “Mare Nostrum” de los romanos, para
trasladar a occidente esta especia, llegando a la Península Ibérica en los
siglos VIII Y IX durante el Califato de Córdoba, no tardando en extenderse
por la mayor parte de los territorios de Al-Andalus.
El nombre de azafrán se debe a los
árabes , ellos lo llaman sáfaran, que significa “ser amarillo”.
EGIPTO:
Los antiguos egipcios, en sus banquetes,
acostumbraban a rodear el borde de sus vasos con flores de azafrán y también lo
utilizaban para embalsamar a sus faraones, ya que vinculaban esta especia con
los poderes del Más Allá.
ANTIGUO
TESTAMENTO: Se hace referencia a
que los hebreos purificaban el agua sagrada con azafrán.
GRECIA:
Según la mitología griega, el azafrán
recibió su nombre de un joven llamado Croco, que fue transformado posteriormente
por los dioses en esta planta.
Otra leyenda griega cuenta que el
origen de esta planta se debe al dios Hermes, divinidad griega del fuego, que
habiendo herido de muerte, sin querer, a su amigo Croscos, hizo transformar la
sangre que manaba de su cabeza en unas florecillas con vistosos estigmas de
color rojo.
Hipócrates, el padre de la Medicina,
no dudó en incluir al azafrán en sus fórmulas y Homero en su Iliada destaca que
los héroes y ninfas iban vestidos con túnicas de azafrán.
Los antiguos griegos acostumbraban a esparcir
azafrán en los teatros para perfumarlos, el color azafrán era el de los reyes y
las mujeres lo utilizaban para teñir sus vestidos.
ROMA:
Los antiguos romanos usaban azafrán en sus
baños, y al igual que los griegos, se recostaban en almohadones rellenos de
azafrán porque pensaban que así evitarían las resacas. Los griegos ya lo
utilizaban contra la embriaguez pretendiendo retardar las borracheras mediante
infusiones de azafrán que se tomaban antes de entregarse a los placeres del dios
Baco, además de considerar esta especia como un poderoso y demostrado
afrodisíaco.
Se esparció azafrán en las calles de
Roma cuando Nerón hizo su entrada triunfal en la capital del Imperio como era
tradicional hacerlo.
Las cortesanas, en la época imperial
lo utilizaban como producto de belleza.
Se llegó a poner azafrán en el agua
de los canarios para que mejoraran su plumaje.
ORIENTE:
Tras la muerte de Buda, sus discípulos
establecieron el azafrán como color oficial en sus túnicas. Allí, el azafrán es
símbolo de sabiduría, y como tal, forma parte de los ritos budistas.
VÍNCULO CON EL MEDIO
GEOGRÁFICO. LA MANCHA.
El azafrán fue introducido en España
durante la dominación árabe. Durante los siglos VIII y IX fue un producto
monopolizado por la alta burguesía andalusí. La cocina arábiga era muy pródiga
en condimentos herbáceos, por lo que en todos los huertos existían semilleros de
estas plantas, principalmente cominos, alcaravea, ajemuz, mastuerzo, anís de
grano dulce, hinojo, anís silvestre, culantro, mostaza, menta, hierbabuena y
perejil. Pero el condimento más importante para la economía musulmana era el
azafrán, usado como colorante y aderezo indispensable en la mayoría de los
platos.
Posteriormente, existe constancia
escrita del cultivo de azafrán en La Mancha en la obra “Cultivo del azafrán en
La Solana” de J.A. López de la Osa, de 1897, en la que se incluyen datos sobre
este cultivo de cien años atrás, citándose un inventario judicial del año 1720
en el que también aparece el azafrán.

En el primer tercio del siglo XIX La
Mancha producía el azafrán de mejor calidad de España, alcanzándose los mayores
rendimientos por hectárea de secano. Está abundantemente documentado, el cultivo
inmemorial en Pedro Muñoz, Campo de Criptana y Manzanares (Ciudad Real), en
Lillo, Madridejos, Villacañas, Villanueva de Alcardete y Cabezamesada (Toledo) y
en Motilla del Palancar (Cuenca).
Pero la mejor prueba de la
existencia de un fuerte vínculo histórico del cultivo con la región manchega
está en las múltiples manifestaciones culturales que son tradicionales de esta
zona.
Como toda actividad fuertemente
enraizada en una sociedad, el cultivo del azafrán ha dado lugar a un vocabulario
propio de gran riqueza.; El trabajo de M. Nuñez y J.C. Conde, “El léxico del
azafrán en el habla manchega (Al-Basit. Revista de Estudios Albacetenses, 28.
Albacete 1991) incluye una amplia muestra de expresiones referidas al azafrán
recogidas mediante encuestas realizadas en la provincia de Albacete.
La tradición del cultivo del azafrán
en La Mancha está también presente en manifestaciones del folklore típico de la
región, existiendo una jota manchega dedicada a este producto, en canciones y
refranes, y es el tema de ambientación de la zarzuela que lleva por título “La
rosa del azafrán” (Libreto de F.Romero y G. Fernández Show; y música del maestro
Jacinto Guerrero, estrenada en Madrid en 1930).
Cabe destacar también la existencia
de manuales de divulgación de las técnicas de cultivo y elaboración, como el
anteriormente citado, de J.A. López de la Osa, o la obra de L. Jiménez Martín
“El azafranero práctico” (Albacete: Imprenta Eduardo Miranda, 1900).

La relevancia de este cultivo dentro
de las manifestaciones culturales tradicionales se vuelve a poner de manifiesto
con la Fiesta de la Rosa del Azafrán que se realiza en Consuegra (Toledo),
siempre el último fin de semana de Octubre, los concursos de monda que se
celebran en La Solana (Ciudad Real) en el marco de sus fiestas patronales y el
Festival de la Rosa del Azafrán de Santa Ana (Albacete).
Por último, como muestra
significativa del carácter tradicional y de la importancia económica de este
cultivo, cabe citar la costumbre, que aún pervive en algunos pueblos manchegos,
de regalar unas briznas de azafrán a las parejas de novios como símbolo del
deseo de prosperidad.