El azafrán es una herramienta de
salud que convierte en un placer la comida de todos los días.
Durante
siglos el azafrán ha sido una planta eminentemente medicinal cuya
participación en la farmacopea ha llegado hasta nuestros días.
Por sus características y
composición química, durante mucho tiempo fue considerado el elixir de la
vida.
Entre sus cualidades se podría
destacar su carácter tónico (estimulante del apetito); favorece la
digestión; sedante (combate la tos y la bronquitis, mitiga los
cólicos y el insomnio, calma los problemas de dentición infantil); favorece
la expulsión de gases acumulados; emenagogo (favorece la
menstruación), también es eficaz para combatir los trastornos nerviosos,
espasmódicos y el asma.
Recientemente el interés del
azafrán en este ámbito se ha visto incrementado al descubrirse su papel como
protector cardiovascular y como fuente potencial de agentes anticancerosos.
Se ha descrito que el azafrán
favorece la asimilación de los lípidos, incrementa la difusión de oxígeno en
el plasma sanguíneo por lo que ha mostrado tener efecto contra la
arteriosclerosis y como reductor de los niveles de colesterol en sangre.
También se ha demostrado su efecto como protector hepático y su capacidad
antioxidante.
Aunque hay que tener en cuenta
que a dosis muy altas el azafrán se considera dotado de propiedades
abortivas. Un exceso puede causar locura y dolores terribles de cabeza, sin
embargo un poco es estimulante (dosis diaria máxima 1,5 g)